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¿Cómo puede salvarle la vida la sangre? “B”

Las transfusiones de sangre... ¿hay riesgos?

Lo primero que trata de hacer la persona pensadora que tiene que someterse a un procedimiento médico de importancia es determinar tanto los posibles beneficios como los riesgos implicados. ¿Qué se puede decir respecto a las transfusiones de sangre? Estas son en la actualidad uno de los instrumentos principales de la medicina. Puede que muchos médicos que se interesan genuinamente por sus pacientes no vacilen en transfundir sangre. La transfusión ha sido llamada la dádiva de la vida.

Millones de personas han donado o aceptado sangre. Para 1986-1987 Canadá tuvo 1.300.000 donantes de una población de 25.000.000. “[En] el año más reciente de que tenemos cifras, entre 12.000.000 y 14.000.000 de unidades de sangre se usaron en transfusiones tan solo en los Estados Unidos” (The New York Times, 18 de febrero de 1990).

“Siempre se han conectado con la sangre posibilidades ‘mágicas’ —señala la Dra. Louise J. Keating—. Durante los primeros 46 años del suministro de sangre, tanto los médicos como el público la consideraron más segura de lo que en realidad era” (Cleveland Clinic Journal of Medicine, mayo de 1989). ¿Qué situación existía entonces, y cuál ahora?

Hasta 30 años atrás se dio el siguiente aviso a patólogos y al personal de los bancos de sangre: “¡La sangre es dinamita! Puede hacer mucho bien o mucho mal. La mortalidad por transfusiones de sangre equivale a la ocasionada por el éter anestésico o la apendicectomía. Se dice que por cada 1.000 a 3.000 o posiblemente 5.000 transfusiones hay aproximadamente una muerte. En el área de Londres se ha informado una muerte por cada 13.000 botellas de sangre transfundidas” (New York State Journal of Medicine, 15 de enero de 1960).

¿Se han eliminado desde entonces los peligros, de modo que ahora se pueda transfundir sin riesgos la sangre? Francamente, cada año centenares de miles de personas experimentan reacciones adversas a las transfusiones de sangre, y muchas personas mueren. Lo ya dicho quizás le haga pensar en las enfermedades que la sangre transmite. Antes de examinar ese aspecto, considere ciertos riesgos menos conocidos.

LA SANGRE Y LA INMUNIDAD

A principios del siglo XX la investigación científica permitió al hombre comprender más profundamente la maravillosa complejidad de la sangre. Los científicos aprendieron que hay diferentes tipos de sangre. Para las transfusiones es crítico determinar compatibilidad sanguínea entre el donante y el paciente. Si alguien con sangre del tipo A recibe el tipo B, puede experimentar una grave reacción hemolítica. El resultado puede ser la destrucción de glóbulos rojos y la muerte rápida del paciente. Aunque el tipaje sanguíneo y la prueba cruzada son ahora procedimientos rutinarios, ocurren errores. Cada año muere gente por reacciones hemolíticas.

Los hechos muestran que la cuestión de la incompatibilidad va mucho más allá de los relativamente pocos tipos de sangre entre los cuales los hospitales buscan compatibilidad. ¿Por qué? Pues bien, en su artículo “La transfusión de sangre: usos, abusos y peligros”, el Dr. Douglas H. Posey, hijo, escribe: “Casi 30 años atrás Sampson describió la transfusión de sangre como un procedimiento relativamente peligroso [...] [Desde entonces,] por lo menos otros 400 antígenos han sido identificados y caracterizados en los glóbulos rojos. No hay duda de que ese número seguirá aumentando, porque la membrana del glóbulo rojo es extremadamente compleja” (Journal of the National Medical Association, julio de 1989).

Los científicos estudian ahora el efecto que tiene en las defensas o sistema inmunológico del cuerpo la sangre transfundida. ¿Qué pudiera significar eso para usted o para un pariente suyo que necesite cirugía?

Cuando los médicos trasplantan un corazón, un hígado u otro órgano, el sistema inmunológico del que lo recibe pudiera detectar el tejido ajeno y rechazarlo. Sin embargo, una transfusión es trasplantar un tejido. Hasta sangre que haya sido “debidamente” comparada para determinar compatibilidad puede causar supresión del sistema inmunológico. En una conferencia de patólogos se señaló que centenares de publicaciones médicas “han relacionado las transfusiones de sangre con respuestas inmunológicas” (“Se acumulan las pruebas contra las transfusiones”, Medical World News, 11 de diciembre de 1989).

Una de las tareas principales del sistema inmunológico de su cuerpo es detectar las células malignas (de cáncer) y destruirlas. Si se suprimiera la inmunidad, ¿podría llevar eso al cáncer y la muerte?

Note dos informes:

La revista en inglés Cancer (15 de febrero de 1987) dio los resultados de un estudio hecho en los Países Bajos: “En los pacientes de cáncer del colon el resultado de las transfusiones fue un significativo efecto adverso en la supervivencia a largo plazo. De este grupo, solo el 48% de los que habían recibido transfusiones alcanzó una supervivencia general acumulativa de 5 años, en contraste con el 74% que correspondió a los pacientes que no las habían recibido”. Médicos de la Universidad de California del Sur examinaron a 100 pacientes a quienes se operó de cáncer. “La proporción en que reapareció todo cáncer de la laringe fue de 14% para los que no habían recibido sangre y 65% para los que la habían recibido. Para el cáncer de la boca, la faringe y la nariz o los senos frontales, la tasa de reaparición fue de 31% sin transfusiones y 71% con transfusiones” (Annals of Otology, Rhinology & Laryngology, marzo de 1989).

¿Qué indican esos estudios con relación a las transfusiones? En su artículo “Transfusiones de sangre y cirugía por cáncer”, el Dr. John S. Spratt llegó a esta conclusión: “Puede que sea necesario que el cirujano que combate el cáncer desista de usar sangre” (The American Journal of Surgery, septiembre de 1986).

Otra tarea importante de su sistema inmunológico es defenderle de infecciones. Por eso, no es raro que ciertos estudios muestren que los pacientes que reciben sangre son más propensos a las infecciones. El Dr. P. I. Tartter efectuó un estudio sobre cirugía del colon y el recto. De los pacientes que recibieron transfusiones, el 25% desarrolló infecciones, en comparación con el 4% de los que no recibieron transfusiones. Informa él: “La asociación de las transfusiones de sangre con complicaciones infecciosas se dio antes, durante o después de cada operación [...] El riesgo de infecciones postoperatorias aumentó en relación progresiva con la cantidad de unidades de sangre administradas” (The British Journal of Surgery, agosto de 1988). Los concurrentes a una reunión de la Asociación Estadounidense de Bancos de Sangre en 1989 aprendieron esto: Mientras que el 23% de los que recibieron sangre de donantes durante cirugía de reemplazo de cadera desarrollaron infecciones, entre los que no recibieron sangre no hubo ningún caso de infección.

Sobre este efecto de las transfusiones de sangre el Dr. John A. Collins escribió: “Ciertamente sería irónico ver que un ‘tratamiento’ con tan poca prueba a su favor después empeorara uno de los principales problemas de esos pacientes” (World Journal of Surgery, febrero de 1987).

“De cada 100 transfusiones, aproximadamente 1 va acompañada de fiebre, escalofríos o urticaria. [...] De cada 6.000 transfusiones de glóbulos rojos, aproximadamente 1 produce una reacción hemolítica a la transfusión. Esta es una grave reacción inmunológica que puede ocurrir de repente o quizás tardar unos días después de la transfusión; puede producir un fallo [renal] agudo, choque, coagulación intravascular y hasta muerte.”—Conferencia de los Institutos Nacionales de Sanidad (NIH) estadounidenses, 1988.

El científico danés Niels Jerne fue copartícipe del premio Nobel de medicina en 1984. Cuando se le preguntó por qué había rechazado una transfusión de sangre, dijo: “La sangre de uno es como sus huellas digitales: no hay dos tipos de sangre exactamente iguales”.

¿LIBRE DE ENFERMEDADES, O PELIGROSA?

El que la sangre porte enfermedad preocupa a médicos concienzudos y a muchos pacientes. ¿Qué enfermedad? Francamente, no podemos pensar en una sola; son muchas, en realidad.

Después de considerar las enfermedades más conocidas, la obra de 1982 Techniques of Blood Transfusion (Técnicas de la transfusión de sangre) considera “otras enfermedades infecciosas relacionadas con las transfusiones”, tales como la sífilis, la infección por citomegalovirus y la malaria. Entonces dice: “Hay informes de que hay otras enfermedades que se transmiten por la transfusión de sangre, entre ellas infecciones por el virus herpético, mononucleosis infecciosa (el virus de Epstein-Barr), toxoplasmosis, tripanosomiasis [enfermedad del sueño africana y enfermedad de Chagas], leishmaniosis, brucelosis [fiebre de Malta], tifus, filariasis, sarampión, salmonelosis y fiebre de las garrapatas del Colorado”.

En realidad la lista de esas enfermedades sigue creciendo. Usted quizás haya visto titulares como este: “¿Enfermedad de Lyme por una transfusión? Es poco probable, pero los peritos se preocupan”. ¿Está libre de riesgos la sangre del donante que tuviera la enfermedad de Lyme? A varios funcionarios de sanidad se les preguntó si aceptarían tal sangre. “Todos respondieron que no, aunque ninguno recomendó que se descartara la sangre de los donantes.” ¿Qué debe pensar el público de la sangre conservada que peritos mismos no aceptarían? (The New York Times, 18 de julio de 1989.)

Otra causa de preocupación es que la sangre que se obtiene en un país donde abunda cierta enfermedad pudiera usarse en un lugar muy distante de allí, donde ni el público ni los médicos están al tanto del peligro. Hoy, cuando tanta gente viaja, incluso refugiados e inmigrantes, aumenta el riesgo de que en un producto de la sangre se transporte una enfermedad extraña.

Además, un especialista en enfermedades infecciosas advirtió: “Quizás haya que examinar la sangre conservada para impedir la transmisión de varios desórdenes que antes no se veían como infecciosos, entre ellos la leucemia, el linfoma y la enfermedad de Alzheimer” (Transfusion Medicine Reviews, enero de 1989).

Aunque estos riesgos asustan a cualquiera, otros han creado más extenso temor.

LA SANGRE, HÍGADOS ARRUINADOS Y...

“Es irónico, pero el SIDA portado por la sangre [...] nunca ha sido tan grande amenaza como otras enfermedades... por ejemplo, la hepatitis”, explicó el periódico Washington Post.
Sí, muchísimas personas han enfermado terriblemente y han muerto debido a la hepatitis adquirida así, que no tiene tratamiento específico. Según U.S.News & World Report (1 de mayo de 1989), cerca del 5% de los que reciben sangre en los Estados Unidos adquieren hepatitis... 175.000 al año. Cerca de la mitad de estos se convierten en portadores crónicos, y, de cada 5, por lo menos 1 desarrolla cirrosis o cáncer del hígado. Se calcula que 4.000 mueren. Imagínese los titulares que usted leería si un enorme avión de reacción se estrellara y todos los pasajeros murieran. ¡Pero 4.000 muertes equivalen a que uno de esos aviones grandes se estrelle cada mes!

Por mucho tiempo los médicos habían sabido de una hepatitis menos dañina (tipo A) que se esparce por el alimento o el agua contaminados. Entonces se dieron cuenta de que una forma más peligrosa de hepatitis se estaba esparciendo mediante la sangre, y ellos no tenían medio de examinar la sangre para detectarla. Con el tiempo, científicos brillantes aprendieron a detectar las “huellas” de este virus (tipo B). Para principios de los años setenta, en algunos países ya se examinaba la sangre para eliminar la que estuviera contaminada. ¡Parecía que la sangre conservada estaba libre de riesgos y tenía un futuro prometedor! ¿Era en verdad así?

En poco tiempo se vio claramente que miles de personas que habían recibido sangre ya examinada todavía desarrollaban la hepatitis. Muchas personas se enteraron, después de sufrir de enfermedad debilitante, de que se les había arruinado el hígado. Pero si la sangre había sido examinada, ¿qué razón había para lo que estaba sucediendo? La sangre contenía otra forma de hepatitis, que fue llamada no A y no B (NANB). Por una década esta forma plagó las transfusiones... entre el 8% y el 17% de los que recibieron transfusiones en Israel, Italia, Japón, España, Suecia y los Estados Unidos la contrajeron.

Entonces unos titulares anunciaron que “El misterioso virus de la hepatitis no A y no B ha sido aislado al fin” y “Se elimina de la sangre una fiebre”. De nuevo circuló el mensaje: ‘¡Se ha hallado el evasivo agente!’. En abril de 1989 se dijo al público que había un examen para detectar la NANB, llamada ahora hepatitis C.

Bien pudiera uno preguntarse si acaso no será prematuro el alivio que esto ha causado. De hecho, investigadores italianos han informado de otro virus de la hepatitis, uno mutante, que quizás sea responsable de la tercera parte de los casos. El boletín universitario Harvard Medical School Health Letter (noviembre de 1989) declaró: “Algunas autoridades temen que A, B, C y D no sean el alfabeto completo de los virus de la hepatitis; pudieran surgir otros”. El periódico The New York Times (13 de febrero de 1990) dijo: “Entre los peritos hay la fuerte sospecha de que otros virus pueden causar la hepatitis; de descubrírseles, se les designará hepatitis E, etcétera”.

¿Se encaran los bancos de sangre con nuevas y largas búsquedas de exámenes sanguíneos para librar de riesgos la sangre? Un director de la Cruz Roja Estadounidense trajo a colación el problema del costo, e hizo este comentario perturbador: “Es absolutamente imposible que sigamos añadiendo examen tras examen para cada agente infeccioso que pudiera esparcirse” (Medical World News, 8 de mayo de 1989).

Hasta el examen de la sangre para detectar la hepatitis B es falible; muchas personas todavía contraen esa enfermedad mediante la sangre. Además, ¿quedará satisfecha la gente con el examen que se ha anunciado para detectar la hepatitis C? The Journal of the American Medical Association (5 de enero de 1990) mostró que puede pasar un año antes de que se puedan detectar anticuerpos de esa enfermedad por el examen. Mientras tanto, los que hubieran recibido transfusiones de esa sangre pudieran enfrentarse a la posibilidad de hígados arruinados... y muerte.

LA PANDEMIA DEL SIDA

“El SIDA ha cambiado para siempre lo que los médicos y los pacientes piensan de la sangre. Y no es malo que sea así, dijeron médicos reunidos en los Institutos Nacionales de Sanidad para una conferencia sobre las transfusiones de sangre” (Washington Post, 5 de julio de 1988).

La pandemia del SIDA (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) ha hecho que la gente se dé cuenta del peligro de adquirir enfermedades infecciosas mediante la sangre. Hay millones infectados con el SIDA ahora. Se esparce sin control. Y en casi todo caso causa la muerte.

La causa del SIDA es el virus de inmunodeficiencia humana (VIH, designado en inglés HIV), que puede ser esparcido por la sangre. La plaga moderna del SIDA se descubrió en 1981. El mismísimo año siguiente peritos de sanidad reconocieron que era probable que el virus se transmitiera por productos derivados de la sangre. Ahora se admite que la industria de la sangre respondió con lentitud, aun después que por ciertos exámenes se podía identificar la sangre que llevaba los anticuerpos del VIH. Finalmente, en 1985, empezó a examinarse la sangre de donantes*, pero ni siquiera entonces se aplicó el examen a los productos sanguíneos ya conservados.

Después se le aseguró al público: ‘Ahora no hay riesgo en la sangre conservada’. Pero más tarde se reveló que hay un peligroso “período de incertidumbre” en cuanto al SIDA. Después que alguien queda infectado, pueden pasar meses antes de que produzca anticuerpos que se puedan detectar. Sin saber que lleva el virus del SIDA, esa persona pudiera donar sangre que, al examinarse, no daría indicaciones de tener el virus. Esto ha sucedido. ¡Hay quienes han desarrollado el SIDA tras de recibir transfusiones de sangre de personas en esa condición!

El cuadro se fue haciendo más sombrío aún. La revista The New England Journal of Medicine (1 de junio de 1989) informó sobre “infecciones de HIV ocultas”. Quedó establecido que la gente puede portar el virus del SIDA por años sin que ello se pueda determinar por los exámenes indirectos actuales. Algunos quisieran restar importancia a estos casos diciendo que son raros, pero estos prueban “que el riesgo de la transmisión del SIDA vía la sangre y sus componentes no puede eliminarse por completo” (Patient Care, 30 de noviembre de 1989). La conclusión perturbadora es esta: No se puede confiar en que el resultado negativo de un examen pruebe que uno esté en salud. ¿Cuántos recibirán todavía el SIDA por transfusiones de sangre?

La enfermedad de Chagas ilustra cómo la sangre porta enfermedades a gente que vive en lugares distantes. El periódico The Medical Post (16 de enero de 1990) informa que ‘en Latinoamérica, de 10.000.000 a 12.000.000 de personas han recibido esta infección crónica’. Ha sido llamada “uno de los más importantes riesgos de las transfusiones en América del Sur”. Un “insecto asesino” pica en el rostro a la víctima durmiente, chupa sangre y deposita excremento en la herida. La víctima puede llegar a ser portadora de la enfermedad de Chagas por años (mientras tanto, puede que done sangre) antes de desarrollar complicaciones cardíacas que le causen la muerte.

¿Por qué debería preocupar eso a personas que viven en continentes lejanos? En The New York Times (23 de mayo de 1989), el Dr. L. K. Altman informó de pacientes que recibieron la enfermedad de Chagas por transfusiones, uno de los cuales murió. Altman escribió: “Puede que otros casos hayan pasado sin ser descubiertos porque [los médicos de aquí] no están familiarizados con la enfermedad de Chagas, ni se dan cuenta de que pudiera esparcirse por transfusiones”. Sí, la sangre puede ser un vehículo que permita a las enfermedades llegar a muchos lugares distantes.

¿EL OTRO ZAPATO, O MÁS ZAPATOS?

Puede que gente que viva en un edificio de apartamentos oiga desde su apartamento el sonido de un zapato que da contra el suelo en el piso de arriba; pensando que alguien se retira para dormir, esperan oír el sonido del otro zapato al caer. En cuanto al problema de la sangre, ¡nadie sabe cuántos más de estos mortíferos zapatos caerán!

El virus del SIDA fue designado VIH, pero algunos peritos lo llaman ahora VIH 1. ¿Por qué? Porque hallaron otro virus del tipo SIDA (VIH 2). Este puede causar síntomas del SIDA, y se ha esparcido mucho en algunas áreas. Además, “no se detecta consecuentemente por los exámenes para el SIDA que ahora se emplean aquí —informa el periódico The New York Times (27 de junio de 1989)—. Los nuevos hallazgos [...] hacen más difícil para los bancos de sangre estar seguros de que una donación esté libre de riesgos”.

¿Y qué se puede decir de parientes distantes del virus del SIDA? Una comisión presidencial de los Estados Unidos dijo que de un virus de ese tipo “se cree que es la causa de leucemia/linfoma de linfocitos T en adultos y de una grave enfermedad neurológica”. Este virus ya está en la sangre de la población donante y puede esparcirse mediante la sangre. La gente tiene derecho a preguntarse: ‘¿Cuán eficiente es el examen de los bancos de sangre con relación a estos otros virus?’.

En realidad, solo con el tiempo se sabrá cuántos virus portados por la sangre están ocultos en la sangre conservada. “Los desconocidos pudieran ser mayor causa de preocupación que los conocidos —escribe el Dr. Harold T. Meryman—. Será difícil asociar con las transfusiones, y aun más difícil detectar, los virus transmisibles que tienen períodos de incubación de muchos años. Ciertamente el grupo VTLH es solo el primero de estos que ha salido a la luz” (Transfusion Medicine Reviews, julio de 1989). “Como si no bastara con lo lamentable de la epidemia del SIDA, [...] recientemente se han propuesto o descrito algunos riesgos de la transfusión que se han evidenciado durante los años ochenta. No exige gran imaginación predecir que existen otras graves enfermedades virales que son transmitidas por transfusiones homólogas” (Limiting Homologous Exposure: Alternative Strategies [Cómo limitar la exposición homóloga: otras estrategias], 1989).

Ya se han dejado caer tantos “zapatos” que los Centros para el Control de las Enfermedades recomiendan “precauciones universales”. Es decir, ‘los que atienden a los enfermos deben suponer que todos los pacientes pudieran infectar a otros con el VIH y otros patógenos portados por la sangre’. Con buena razón esas personas, y también el público, están reexaminando su punto de vista sobre la sangre.

El Dr. Knud Lund-Olesen escribió: “Puesto que [...] personas que pertenecen a grupos que representan un gran riesgo para otras se ofrecen como donantes porque entonces se las examina automáticamente para determinar si tienen el SIDA o no, creo que hay razón para no ser prestos en aceptar transfusiones de sangre. Los testigos de Jehová las han rechazado por muchos años. ¿Será que vieron el futuro?”—Ugeskrift for Læger, 26 de septiembre de 1988.

* Todavía no podemos suponer que se esté examinando toda la sangre. Por ejemplo, hay informes de que para comienzos de 1989 el 80% de los bancos de sangre del Brasil no estaban bajo el control del gobierno ni estaban tratando de determinar si había o no SIDA en la sangre.






Procedencia de la ilustración:AIDS virus: CDC, Atlanta, Ga.

La cadena de responsabilidades.

La cadena de responsabilidades.

Cuando la prestación médica se cumple en un ámbito institucional, la responsabilidad por el eventual yerro del profesional recae no solo en este sino también sobre las entidades a través de las cuales fue brindada la asistencia.

El actor, afiliado al plan de salud de la entidad demandada, sufrió una indisposición en su domicilio, y por tal motivo, solicitó la atención médica en su hogar. Esta le fue prestada por una empresa de emergencias contratada al efecto por la Sociedad Italiana de Beneficencia.

La médica que acudió a la casa del paciente, enviada por dicha empresa, emitió un diagnóstico que resulto equivocado y, por tal razón, el cuadro del enfermo –que padecía una torsión testicular- se agravó de tal modo que fue preciso proceder a la extirpación del órgano afectado.

En primera instancia, el Juez rechazo la demanda por entender que no se había configurado la mala praxis de la profesional interviniente. Pero la Cámara modificó ese pronunciamiento por cuanto consideró que se había producido un error galénico y que sus consecuencias debían ser resarcidas. Condeno, pues, a la médica, a la empresa de atención domiciliaria y a la Sociedad Italiana al pago del resarcimiento en forma concurrente.

Culpa Compartida:

La decisión del Tribunal se funda en una ya constante y pacifica doctrina jurisprudencial que entiende que cuando la prestación médica se cumple en un ámbito institucional, la responsabilidad por el eventual yerro del profesional recae no solo en este, sino también sobre las entidades a través de las cuales fue brindada la asistencia.

Se considera que las obras sociales y las empresas de medicina prepaga se constituyen en verdaderos garantes de la atención que clínicas, sanatorios, profesionales y empresas prestadoras de servicios médicos, por citar algunos ejemplos, brindan a sus afiliados. En tal sentido, es abundante la jurisprudencia que entiende que tal carácter de garante, queda configurado con la mera inclusión de los prestadores en la cartilla que habitualmente se entrega a los adherentes.

Estas entidades no pueden librarse alegando que el paciente eligió libremente entre varios prestadores, pues, tal como se dijo, en el fallo que estamos comentando, “si la atención médica era llevada a cabo por médicos de su cartilla, o por determinados casos contrataban a otros profesionales o empresas, es un extremo inoponible al afiliado, con quien existe una obligación de brindar las prestaciones médicas con eficacia. Resultan entonces inatendibles los fundamentos esgrimidos por la Sociedad Médica demandada al responder la demanda, en tanto pretende exonerarse de responsabilidad por ser delegadas las atenciones domiciliarias en una empresa independiente”.

El fallo

“La circunstancia de que el establecimiento asistencial al cual esta afiliado el actor contrate para la atención domiciliaria de sus afiliados a otra empresa es un extremo inoponible al afiliado, con quien existe una obligación de ahí que, frente al diagnostico erróneo efectuado por el servicio médico domiciliario, dicho centro asistencial no puede pretender exonerarse de responsabilidad por ser delegadas las atenciones domiciliarias en una empresa independiente”.

Cámara Nacional Civil, Sala G, 1 de Abril del 2003,S., S. W. c / Sociedad Italiana de Beneficencia en Buenos Aires y otros

Artículo de Mala Praxis Publicado en “Todo Riesgo N° 82”
Autor: Dr. Alberto A. Alvarellos – Titular del Estudio Alvarellos y Asoc. Abogados –
estudio@alvarellosasoc.com.ar

¿Cómo puede salvarle la vida la sangre? “A”


¿Cómo puede salvarle la vida la sangre? No dudamos que esto le interese, porque hay conexión entre la sangre y su vida. La sangre transporta oxígeno a todo su cuerpo, remueve de él el anhídrido carbónico, le ayuda a adaptarse a cambios de temperatura y contribuye a que su cuerpo combata las enfermedades.

El enlace entre la vida y la sangre se conoció mucho tiempo antes de que William Harvey describiera el mecanismo del sistema circulatorio en 1628. La ética fundamental de ciertas religiones prominentes tiene como centro un Dador de Vida, quien expresó sus pensamientos sobre la vida y la sangre. Un abogado judeocristiano dijo de él: “Él mismo da a toda persona vida y aliento y todas las cosas. Porque por él tenemos vida y nos movemos y existimos”.
*

Los que creemos en ese Dador de Vida confiamos en que la guía que él da nos trae bien duradero. Un profeta hebreo lo describió así: “Aquel que te enseña para que te beneficies a ti mismo, Aquel que te hace pisar en el camino en que debes andar”.

Esa garantía de Isaías 48:17 es parte de la Biblia, un libro respetado por valores éticos que nos pueden beneficiar a todos. ¿Qué dice sobre el uso de la sangre por la humanidad ese libro? ¿Muestra que sea posible salvar vidas con la sangre? En verdad la Biblia muestra claramente que la sangre va más allá de ser solo un fluido biológico complejo. Hace más de 400 referencias a ella, y a veces la conecta con la salvación de la vida.

En una de las primeras referencias, el Creador declaró: “Pueden comer todos los animales y verduras que quieran. [...] Pero hay una cosa que no deben comer: carne con sangre, porque en la sangre está la vida”. Añadió: “Yo pediré cuentas [...] de la sangre de cada uno de ustedes”, y entonces condenó el asesinato. (Génesis 9:3-6, Versión Popular.) Dios dijo eso a Noé, un muy estimado antepasado común de judíos, musulmanes y cristianos. Así se notificó a toda la humanidad que a los ojos del Creador la sangre representa la vida. Esto iba más allá de ser una regulación relacionada con la dieta. Estaba claro que implicaba un principio moral. La sangre humana tiene gran importancia, y no debe abusarse de ella. Después el Creador añadió detalles que nos aclaran las cuestiones morales que él enlaza con la sangre.

De nuevo él se refirió a la sangre cuando dio el código de la Ley al Israel de la antigüedad. Aunque mucha gente respeta la sabiduría y ética de ese código, pocos están al tanto de sus rigurosas leyes acerca de la sangre. Por ejemplo: “Cualquier hombre de la casa de Isra-e-l, o de los extranjeros que moran entre ellos, que comiere cualquier clase de sangre, Yo Me volveré contra el que come la sangre, y le exterminaré de entre su pueblo; porque la vida de la carne está en la sangre”. (
Levítico 17:10, 11, Editorial Sigal.) Dios entonces explicó lo que debía hacer un cazador con el animal al que daba muerte: “Derramará su sangre y la cubrirá conpolvo. [...] No comeréis la sangre de ninguna carne, porque la vida de toda carne es su sangre, cualquiera que la comiere será exterminado”. (Levítico 17:13, 14, ES.)
Los científicos saben ahora que el código de la Ley judío promovía la buena salud. Por ejemplo, requería que los excrementos se depositaran fuera del campamento y se cubrieran, y que la gente no comiera carne que encerraba gran riesgo de enfermedad. (
Levítico 11:4-8, 13; 17:15; Deuteronomio 23:12, 13.) Aunque la ley sobre la sangre tenía rasgos relacionados con la salud, había mucho más implicado en esto. La sangre tenía un significado simbólico. Representaba la vida que el Creador había provisto. Al tratar de modo especial la sangre, el pueblo mostraba que dependía del Creador para la vida. Sí, la razón principal por la cual no habían de ingerir sangre no era que no fuera saludable, sino que tenía un significado especial para Dios.

En la Ley se declaró vez tras vez la prohibición del Creador sobre el ingerir sangre para sostenerse la vida. “La sangre es la vida; así que no deben comer la vida junto con la carne. Lo que deben hacer es derramarla en la tierra como agua. No la coman, y les irá bien a ustedes y a sus hijos por hacer lo recto.” (Deuteronomio 12:23-25, VP; 15:23; Levítico 7:26, 27; Ezequiel 33:25.)#

Contrario al razonamiento de algunos hoy, la ley de Dios sobre la sangre no se debería pasar por alto simplemente porque surgiera una emergencia. Durante un tiempo de crisis bélica, algunos soldados israelitas mataron animales y ‘se entregaron a comer junto con la sangre’. En vista de la emergencia, ¿les era permisible sostenerse la vida con sangre? No. Su comandante señaló que todavía era un mal grave lo que habían hecho. (1 Samuel 14:31-35.) Por lo tanto, aunque la vida sea preciosa, nuestro Dador de Vida jamás dijo que sus normas se podían pasar por alto en una emergencia.

“Los preceptos establecidos así precisa y metódicamente [en Hechos 15] se califican de indispensables, y presentan la prueba más vigorosa de que para los apóstoles este no era un arreglo temporal ni una medida provisional.”— Édouard Reuss, profesor en la Universidad de Estrasburgo.

“En un concilio histórico, el cuerpo gobernante cristiano confirmó que la ley de Dios sobre la sangre todavía rige”

LA SANGRE Y LOS VERDADEROS CRISTIANOS


¿Cuál es la postura del cristianismo en la cuestión de salvar la vida humana con sangre?

Jesús fue un hombre de integridad, por lo cual se le estima tanto. Él sabía que el Creador había dicho que ingerir sangre era incorrecto, y sabía que la observación de esta ley era obligatoria. Por eso, hay buena razón para creer que Jesús sostendría la ley sobre la sangre aunque se le pusiera bajo presión para que hiciera lo contrario. Jesús ‘no cometió pecado ni en su boca se halló engaño’. (1 Pedro 2:22, Nácar-Colunga.) Por eso, fijó un patrón o modelo para sus seguidores, y en eso se incluía el respeto a la vida y la sangre. (Más tarde consideraremos la conexión de la propia sangre de Jesús con este asunto vital que afecta su vida.)
Note lo que sucedió cuando, años después de la muerte de Jesús, surgió una cuestión en cuanto a si el que llegaba a ser cristiano tenía que observar o no todas las leyes de Israel. Esto se consideró en un concilio del cuerpo gobernante cristiano, que incluyó a los apóstoles. Santiago el medio hermano de Jesús hizo referencia a escritos que contenían los mandatos acerca de la sangre declarados a Noé y a la nación de Israel. ¿Estarían bajo la obligación de observar aquellos mandatos los cristianos? (
Hechos 15:1-21.)

Aquel concilio envió su decisión a todas las congregaciones: Los cristianos no tienen que observar el código dado a Moisés, pero es ‘necesario’ para ellos ‘seguir absteniéndose de cosas sacrificadas a ídolos, y de sangre, y de cosas estranguladas [carne sin desangrar], y de fornicación’. (Hechos 15:22-29.) Los apóstoles no estaban presentando sencillamente un rito o una regla dietética. El decreto estableció normas éticas fundamentales, con las cuales cumplieron los cristianos primitivos. Aproximadamente una década después reconocieron que todavía debían ‘guardarse de lo sacrificado a los ídolos así como también de la sangre y de la fornicación’. (Hechos 21:25.)

Usted sabe que millones de personas asisten a las iglesias. La mayoría de ellas probablemente concordaría en que la ética cristiana encierra no dar adoración a ídolos ni participar en crasa inmoralidad. Sin embargo, es bueno que notemos que los apóstoles pusieron el evitar la sangre en el mismo alto nivel moral de evitar esos males. El decreto de ellos concluyó así: “Si se guardan cuidadosamente de estas cosas, prosperarán. ¡Buena salud a ustedes!”. (Hechos 15:29.)

Por mucho tiempo se entendió que la observación del decreto apostólico era obligatoria. Eusebio menciona a una joven de cerca del fin del segundo siglo que, antes de morir torturada, indicó que a los cristianos ‘no se les permite comer sangre ni siquiera de animales irracionales’. No era que ella estuviera haciendo valer un derecho de morir. Quería vivir, pero no estaba dispuesta a transigir en cuanto a sus principios. ¿Verdad que usted respeta a los que ponen los principios por encima de su ventaja personal?

El científico Joseph Priestley llegó a esta conclusión: “Parece que la prohibición de comer sangre, dada a Noé, es obligatoria para toda su posteridad [...] Si interpretamos [la] prohibición de los apóstoles por lo que practicaban los cristianos primitivos, de quienes difícilmente se puede suponer que no hayan entendido de modo correcto la naturaleza y el alcance de aquella prohibición, lo único que podemos concluir es que el propósito era que fuera absoluta y perpetua; pues por muchos siglos los cristianos no consumieron sangre”.

Martín Lutero señaló lo que implicaba el decreto apostólico: “Ahora bien, si queremos tener una iglesia que esté en conformidad con este concilio, [...] tenemos que enseñar con insistencia que desde ahora en adelante ningún príncipe, señor, ciudadano ni campesino coma ganso, venado ni cerdo cocidos en sangre [...] Y tanto los ciudadanos como los campesinos deben abstenerse especialmente de salchichas de sangre y embutidos de sangre”.

¿QUÉ HAY DE USAR LA SANGRE COMO MEDICINA?

¿Abarcaría la prohibición bíblica sobre la sangre los usos médicos, tales como transfusiones, que ciertamente no se conocían en los días de Noé, Moisés ni los apóstoles?

Aunque el tratamiento actual con el uso de sangre no existía en aquellos tiempos, el uso medicinal de la sangre no es cosa moderna. Por unos 2.000 años, en Egipto y otros lugares “la sangre [humana] se consideraba el mejor remedio para la lepra”. Un médico reveló el tratamiento dado al hijo del rey Esar-hadón cuando la nación de Asiria era la primera en tecnología: “[El príncipe] ha mejorado mucho; el rey, mi señor, puede alegrarse. Empezando con el día 22 (le) doy de beber sangre, él (la) beberá por 3 días. Por otros 3 días (le) daré (sangre) para aplicación interna”. Esar-hadón trataba con los israelitas. Sin embargo, porque los israelitas tenían la Ley de Dios, nunca bebían sangre como medicina.

¿Se usaba como medicina la sangre en los tiempos de Roma? El naturalista Plinio (contemporáneo de los apóstoles) y el médico Areteo (del segundo siglo) informan que la sangre humana era un tratamiento para la epilepsia. Después Tertuliano escribió: “Algunos, para remedio [de la epilepsia], bebieron con ardiente anhelo la sangre caliente del degüello de los gladiadores”. Él puso a estos en contraste con los cristianos, quienes “no comemos sangre de animales [...] Entre las invenciones con que tentáis la observancia de nuestra ley, una es darnos una morcilla de sangre, porque os persuadís con certeza de que el cristiano que come sangre se desvía de su ley”. Así, los cristianos primitivos se arriesgaban a morir más bien que ingerir sangre.

“La sangre en su forma más común no [...] pasó de moda como ingrediente en la medicina y la magia —informa el libro Flesh and Blood (Carne y sangre)—. Por ejemplo, en 1483 Luis XI de Francia estaba en su lecho de muerte. ‘Cada día empeoraba y las medicinas no le ayudaban en absoluto, aunque eran de índole rara; pues con vehemencia buscaba recuperación mediante la sangre humana que tomaba de ciertos niños’.”

¿Y qué se puede decir de la transfusión de sangre? Los experimentos con esto empezaron a principios del siglo XVI. Thomas Bartholin (1616-1680), profesor de anatomía en la Universidad de Copenhague, presentó esta objeción: ‘Parece que los que imponen el uso de la sangre humana para remedios internos de las enfermedades están usándola mal y pecando gravemente. Se condena a los caníbales. ¿Por qué no aborrecemos a los que se manchan la garganta con sangre humana? Lo mismo es recibir sangre ajena de una vena cortada, sea por la boca o mediante instrumentos de transfusión. Los autores de esta operación se hallan bajo el terror debido a la ley divina, la cual prohíbe el que se coma sangre’.

Por lo tanto, personas pensadoras de siglos pasados se dieron cuenta de que la ley bíblica aplicaba tanto a tomar sangre por las venas como a tomarla por la boca. Bartholin llegó a esta conclusión: “Cualquier método de ingerir [sangre] tiene el mismo fin, a saber, que mediante tal sangre un cuerpo enfermo sea alimentado o restaurado [a la salud]”.

Esta vista general del asunto quizás le ayude a entender la firme e intransigente postura religiosa que adoptan los testigos de Jehová. Ellos estiman mucho la vida, y buscan atención médica buena. Pero están resueltos a no violar la norma de Dios, que ha sido consecuente: Los que respetan la vida como dádiva del Creador no tratan de mantenerse vivos mediante ingerir sangre.

Con todo, por años se ha alegado que la sangre salva vidas. Médicos pueden relatar casos en que alguien perdió mucha sangre, pero recibió transfusiones y entonces mejoró rápidamente. Por eso, quizás usted se pregunte: ‘¿Cuán prudente o imprudente es esto desde el punto de vista médico?’. Los médicos presentan pruebas en apoyo del tratamiento con sangre. En vista de eso, le conviene a usted conseguir los hechos para que pueda hacer una selección basada en conocimiento con relación a la sangre.

“Dios y los hombres ven los asuntos de manera muy diferente. Resulta que muchas veces lo que parece importante a nuestros ojos no tiene importancia alguna según lo ve la sabiduría infinita; y lo que a nosotros nos parece de poca importancia suele ser muy importante para Dios. Así fue desde el principio.”—Investigación sobre la legitimidad de comer sangre, Alexander Pirie, 1787

* Pablo, en Hechos 17:25, 28, Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras.

# Prohibiciones similares se escribieron después en el Corán.

ATREVETE A CREER

"Tan grande es mi Dios, incomparable, más grande que todo el mar..." son las palabras de un canto popular, esa melodía resuena en mi cabeza; me gusta mucho lo que dice acerca de la grandeza de Dios.

Me puse a meditar que a veces como humanos limitamos mucho al Señor, le atamos las manos por nuestra falta de fe o nuestra falta de acción, porque aunque el es Todopoderoso nuestra mente se pone a discutir con nuestra fe y dejamos que la razón se haga más fuerte que nuestra fe.

Dios quiere hacer muchas cosas con nosotros y en nosotros, pero Él no puede obrar si no le damos acceso a nuestro corazón; si siempre estamos cuestionándolo todo.

En Hebreos 11:6 leemos que sin fe es imposible agradar a Dios; ese pequeño vocablo formado por tan sólo dos letras tiene una profundidad enorme, que si la ponemos en práctica mejoraríamos radicalmente nuestro estilo de vida.

Yo sé que como joven tienes muchos sueños de llegar a ser una persona de éxito, lograr determinadas metas y realizarte como persona sirviendo a Dios; sin embargo hay seres a tu alrededor que te critican y te señalan porque eres demasiado "soñador" o demasiado “distinto” .

Yo te quiero animar a que te atrevas a soñar, tener fe y dejar actuar a Jehová Dios en tu vida..... Mira, si tú amas a Jesucristo, Él tomara tu madero de tormento, y se encargará de que todo se realice en su tiempo perfecto.
Si Dios está en control de tu vida y tú estas dispuesto, ¡abróchate los cinturones porque no va a haber quién te pare! Sólo necesitas CREER.

Si tuviéramos fe del tamaño de un grano de mostaza... (la semilla más pequeña del mundo) - Mateo 17:20 Muchos piensan que porque cantamos y servimos en un ministerio, estamos como en "otro nivel" o “nos creemos perfectos”, pero no es así; somos exactamente iguales que tú, con las mismas presiones y limitantes. Hemos pasado por situaciones difíciles, mas sin embargo, nuestro punto de vista es diferente, le creemos a Dios y Él se ha encargado de ser el viento recio que impulsa las alas, dándonos dirección y altura espiritual.
Me pongo a pensar en el apóstol Pedro, un hombre que como pescador
estaba muy familiarizado con el mar, y un día Jesús les dice a él y a los demás discípulos que se fueran en la barca al otro lado de la ribera (Mateo 14:22-33). Al anochecer la barca estaba siendo azotada por las fuertes olas en medio del mar porque el viento era contrario, cuando de repente viene a ellos Jesús caminando sobre el mar. ¿Te puedes imaginar la escena?
El mismo Creador de todas las cosas decidió alterar las leyes de la Física y la Química bajo los pies de su hijo y mostrarle a sus discípulos que realmente Él gobierna la Creación.
¡Un fantasma! Gritaron asustados al principio, pero rápidamente Jesús les dijo: ¡No tengan miedo, soy yo! Después del susto, Pedro que era el más "aventado" y todavía tenía sus dudas, le dijo: "Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas." Tal vez Pedro en ese momento pensó que siendo Jesús tan poderoso, de seguro lo iba a hacer salir de la barca y lo iba a trasladar por el agua sin que le costara el más mínimo esfuerzo; sin embargo Jesús lo único que le dijo fue: VEN

¿Te imaginas haber vivido toda tu vida en el mar y de repente que te atrevas a creer que al salir tu pie de la barca vas a poder pisar en el agua y caminar??
Parecía una locura, sin embargo Pedro le creyó al hijo de Jehová Dios, Cristo Jesús, y pudo dar sus primeros pasos sobre el agua. Aunque por un tiempo le entró la duda de poder seguir caminando y se empezó a hundir, Pedro tiene el mérito de haber logrado este desafío con la ayuda de Jesucristo.
No te he contado esta historia para que corras como enajenado hacia la piscina del vecino y pretendas hacer lo mismo que Pedro, sino para que medites, que para cada meta y anhelo que Dios pone en tu corazón alcanzar, es necesario CREER que va a suceder basando nuestra confianza no en nuestros pensamientos, sino en el Todopoderoso, y atreverte a dar ese primer paso, con confianza esforzarse.

. Veamos más allá de lo que está a nuestro alrededor, más allá de nuestros ojos y empecemos a creer y actuar....

POSTERGACIÓN DE UNA CESAREA:

POSTERGACIÓN DE UNA CESAREA:

La sentencia, en definitiva, condenó a la demandada al pago
a los actores de $ 159.200, como indemnización de los siguientes rubros.
Daño moral $ 60.000; daño psicológico $ 50.000, valor vida $ 30.000
y tratamiento psicológico $ 50.000.
Los montos se dividirán por mitades para cada uno de los padres demandantes.

Los actores demandaron a la entidad mencionada, propietaria del Hospital Francés, y al director del citado centro asistencial, atribuyéndoles responsabilidad por la muerte de su hijo por nacer; causada, según dijeron, por la postergación de la cesárea indicada. Dicha postergación se debió a la falta de un anestesista que interviniera en el acto quirúrgico.

El fallo de primera instancia hizo lugar a la pretensión de los actores solo contra el hospital y la Cámara confirmó tal decisión.

Se acreditó en el juicio, a través de la prueba pericial, que, efectivamente, la cesárea solo pudo llevarse a cabo cuando llegó el anestesista, quien no lo hizo en forma inmediata al pedido formulado por el obstetra. Tal retardo fue considerado la causa del sufrimiento fetal agudo que, en definitiva, causó la muerte del bebé.

DEBER DE SEGURIDAD.

Dijeron los jueces que los establecimientos asistenciales asumen ante los pacientes un deber de seguridad, que es secundario respecto de la obligación principal de prestar el servicio de salud, en mérito al cual garantizan que aquellos no sufren daños, ya sea por accidentes o cualquier otra circunstancia.

Se agrega en el fallo que esa obligación de seguridad es de resultado. Por tal motivo, el acreedor –en el caso del paciente- no deberá demostrar la culpa de la institución, cuya responsabilidad es objetiva – producido el dañose presumirá su responsabilidad- salvo que acredite la culpa de la propia victima o la de un tercero por quien no deba responder.

La deficiencia en la organización del centro asistencial, que queda evidenciada por la falta de la oportuna presencia de un anestesista, constituye, entendió la Cámara una violación del deber de seguridad que, tratándose de una institución que recibe a una parturienta para la realización de una cesárea, esta debía tener prevista –para evitar daños a la paciente- la presencia del especialista que, en este caso, llegó con demora al acto quirúrgico.

En cuanto al Director del Hospital, la Cámara confirmó el rechazo de la demanda incoada en su contra por entender que la falencia a la que nos venimos refiriendo no se debía a una omisión del nombrado.

La sentencia, en definitiva, condenó a la demandada al pago a los actores de $ 152.200=, como indemnización de los siguientes rubros: Daño moral $ 60.000; daño psicológico $ 50.000, valor vida $ 30.000 y tratamiento psicológico $ 50.000. Los montos se dividirán por mitades para cada uno de los padres demandantes.

El Fallo:
“ Cabe confirmar la resolución que condenó al nosocomio demandado al pago de una indemnización por daños y perjuicios a favor de los progenitores que, en virtud de la postergación de la cesárea que debía realizarse, perdieron a su hijo, pues la tardanza en la intervención quirúrgica obedeció a la falta de un anestesista en el crítico momento y de haberse hecho presente el mismo, probablemente se hubiera evitado el daño”.

Cámara Nacional Civil, Sala B, 4 de febrero de 2.005, G. A. W. C/ Asociación Francesa Filantrópica y de Beneficencia y otros.


Artículo de Mala Praxis Publicado en “Todo Riesgo N° 80”
Autor: Dr. Alberto A. Alvarellos – Titular del Estudio Alvarellos y Asoc. Abogados –
estudio@alvarellosasoc.com.ar